
Hace cuatro años no existía Twitter, YouTube y su innovadora propuesta para compartir videos recién estaba haciéndose conocida –incluso para Google–, y Facebook sólo podía ser utilizado por algunos universitarios estadounidenses. ¿A qué viene todo esto? A que éste será el primer mundial de fútbol en que todas estas plataformas de comunicación podrían ser usadas por los internautas para compartir, difundir, comentar y vivir extendidamente todas las pasiones que este deporte despierta entre millones de personas en todo el planeta. Será el primer Mundial de Fútbol 2.0.
De todas estas herramientas uno hubiese esperado que YouTube sea la gran protagonista. Usted, que trabaja desde muy temprano, o que se niega por principio a despertarse a las 6 de la madrugada, no podrá ver algunos partidos del mundial por televisión. Si tenía la esperanza de verlos más tarde en YouTube, pues es mejor que la vaya perdiendo. Por solicitud de la FIFA, Google (dueño de este sistema de video-sharing) ha implementado un sistema que detecta los videos del mundial subidos a YouTube y los elimina. La FIFA ha amenazado con arremeter legalmente contra Google si éste permite que los usuarios de YouTube suban parte de la transmisión televisiva del mundial.
¿Tendrá resultado esta estrategia de censura que la FIFA ha impuesto contra YouTube? La experiencia en Internet demuestra lo contrario. Cuando Barbra Streisand demandó a los responsables del Proyecto de Registro de la Costa de California por colocar una foto de la zona costera en la que aparece una de sus casas, con la supuesta finalidad de proteger su privacidad, lo único que logró fue una exposición mediática enorme sobre el tema, que hizo que la foto en la que aparece su casa (por cierto, esta construcción sólo abarca el 3% de la foto) sea replicada por una cantidad enorme de blogs y portales de noticias en todo el mundo. El objetivo de impedir que cualquiera viera esta foto no sólo no se cumplió, sino que la demanda interpuesta contra los responsables de este proyecto tuvo el efecto contrario. Y de yapa, la Streisand se ganó una imagen de anticuada y frívola. Hace poco, el intento de Nestlé UK de impedir que Greenpeace cuelgue un video en YouTube en el que se critica –con un sarcasmo algo repulsivo– a la transnacional por la compra de aceite de palma a un proveedor de Indonesia acusada de deforestar bosques, tuvo el efecto contrario y atrajo la atención de miles de personas que se volcaron a los espacios de Nestlé en redes sociales para criticarlos. Esto concitó un gran interés y fue replicado nuevamente en blogs y portales de noticias de todo el mundo.
Ambas experiencias demuestran cómo los intentos de censura no siempre tienen los resultados esperados, e incluso a veces generan el efecto contrario. Sin embargo, los casos de la Streisand y de Nestlé UK tienen una diferencia sustancial con el referido al mundial de fútbol, y es que en este caso la FIFA ha puesto el parche antes de que aparezca la herida. No obstante, tiendo a pensar que los internautas, movidos por una pasión tan intensa como la que el fútbol genera, encontrarán mecanismos para compartir los videos del mundial más allá de toda censura. El gran ganador podría ser Facebook, que tiene su propio sistema de video-sharing, y que cuenta con la ventaja de no ser de naturaleza pública, como YouTube, sino que difunde estos videos entre las redes privadas de los propios usuarios. Es decir, es más complicado para la FIFA encontrar videos colgados por usuarios de Facebook debido a que no puede acceder necesariamente a esta información, que encontrar videos colgados en YouTube. Por otro lado, si bien YouTube es el servicio de almacenaje y visualización de videos más popular del mundo, no es el único. Existen muchos espacios, formales e informales, en los que estos videos podrán ser subidos y visualizados.
Otro ganador natural del mundial será Twitter. No hay duda de que los canales noticiosos, los blogueros, los entusiastas del fútbol, los jugadores y los asistentes a los partidos del mundial, van a desbordar Twitter con noticias, fotos, comentarios y pasiones de toda índole. Considere usted además que, al igual que el fútbol, Twitter es preferido más por hombres que por mujeres. Algunas de las primicias fuera de las canchas, protagonizadas por los propios jugadores, llegarán primero a Twitter antes que a cualquier otro medio. Por la naturaleza propia de este sistema de microblogging, Twitter será el rey del mundial del deporte rey. Usted podrá seguir los partidos a través de Twitter, pero no solo para saber lo que ocurre (posiblemente esté viendo el partido por televisión en ese momento) sino para enterarse de lo que los otros espectadores o comentaristas deportivos opinan al respecto. El espacio por excelencia de comentarios en tiempo real sobre las incidencias del mundial será Twitter. No obstante, unos trazos de censura también han llegado a este sistema. Ya las selecciones de España, Brasil y Chile, entre otras, han prohibido a sus jugadores el uso de redes sociales como Twitter o Facebook. Quiénes más reniegan de esta decisión, no son solo los jugadores censurados, sino la prensa y los seguidores que ansían estar al tanto de lo que sucede con sus equipos durante la concentración fuera de las canchas. A pesar de ello, Sudáfrica 2010 será la prueba de fuego internacional para este sistema. Esperemos que la “ballena blanca”, ícono de la sobrecarga de uso de la infraestructura de Twitter, no se traiga abajo el servicio como ha ocurrido antes.
Facebook, por otro lado, ya se está llenando de aplicaciones referidas al mundial. Si le gustan los juegos de granjas, mascotas, restaurantes o ciudades, y además ha jugado todas las versiones de Winning Eleven o FIFA en su PC o su Play Station, tal vez estas aplicaciones futboleras del Facebook le llamen la atención. Electronic Arts, a través de su ala corporativa para juegos sociales llamada Playfish, ya está haciendo publicidad de su aplicación EA SPORTS FIFA Superstars. En ella usted puede armar sus propios equipos con las estrellas de fútbol del momento y llevarlos al triunfo. Playdom, otra empresa dedicada a los juegos sociales ha lanzado BOLA, juego para Facebook en el que usted administra a su propio club de fútbol y puede disputar partidos con otros clubes. Si no lo han lanzado ya, Zynga debe estar terminando de dar los últimos retoques técnicos a algún juego sobre fútbol para lanzarlo pronto. Así, las redes sociales nuevamente le proveen de más opciones para vivir el espíritu del mundial en sus momentos de ocio (y posiblemente de chamba).
Para terminar debo decir que normalmente me alegra que no me guste el fútbol. En un país como el nuestro, el fútbol tiende a generar más frustración que alegría, algo que suelo ver de cerca entre aquellos apasionados a este deporte que me rodean y a quienes estimo. Sin embargo, tengo que admitir que durante el mundial una especie de alineamiento emotivo se da entre todos los que disfrutan del fútbol, una sincronía de intereses, una armonía de pasiones, que contagia a todos y los enlaza en un universo común de partidos que comentar, de jugadas que discutir, de goles perdidos que lamentar y otros anotados que revivir. Yo soy una especie de espectador a distancia de esta magia que ningún otro deporte genera entre la gente. Es por eso que durante el mundial me apena un poco no estar sumido durante un mes en ese espíritu de competencia que los humanos nos permitimos disfrutar cada cuatro años, en el que hacemos una especie de tregua con las malas noticias y nos olvidamos un poco de aquello que nos aqueja, para dejar en manos (o mejor dicho en los pies) de las selecciones de nuestros equipos favoritos, nuestras emociones y sueños.
Que la web 2.0 extienda, potencie e intensifique todo aquello que el mundial de fútbol significa para la humanidad. Que así sea.
Cortesia : Semana Economica
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